San Cayetano en el corazón de la montaña: la historia de una capilla construida por todo un pueblo
Alto NeuquénCayanta: la pequeña comunidad del Alto Neuquén que levantó con sus propias manos un santuario de fe y esperanza
En un rincón apartado del norte neuquino, donde los caminos rurales serpentean entre montañas y valles que conservan intacta la esencia de la vida campesina, una pequeña comunidad transformó la solidaridad en una obra destinada a trascender generaciones. Allí, en el paraje Cayanta, la capilla San Cayetano se ha convertido en mucho más que un templo religioso: es el símbolo de la unión de un pueblo, de la fuerza de sus vecinos y de una identidad que se mantiene viva en el corazón del Alto Neuquén.
Integrante del reconocido Camino de la Fe, el circuito turístico y espiritual que conecta más de 40 sitios religiosos a lo largo de más de 650 kilómetros en la provincia, este espacio sagrado representa uno de los testimonios más auténticos de la religiosidad popular neuquina y del legado salesiano que marcó la historia regional.
Entre montañas, tradiciones rurales y profundas convicciones comunitarias, Cayanta demuestra que las obras más importantes nacen cuando una comunidad decide construirlas unida.
Un paraje donde la fe forma parte de la vida cotidiana
Ubicado en el departamento Minas, entre Huinganco, Las Ovejas y Andacollo, Cayanta es una pequeña población rural asentada a 1.163 metros sobre el nivel del mar.
Sus paisajes, dominados por cerros, valles y extensas áreas naturales, reflejan la esencia más genuina del Alto Neuquén. Allí, donde el ritmo cotidiano aún está ligado al trabajo de campo y a las tradiciones crianceras, la capilla San Cayetano ocupa un lugar central en la vida social y espiritual de sus habitantes.
Lejos de los grandes centros urbanos, este espacio se transformó en un punto de encuentro que fortalece el sentido de pertenencia de quienes habitan la región.
Un sueño colectivo hecho realidad
La historia de la capilla comenzó a escribirse en 2015, cuando un grupo de vecinos decidió impulsar la construcción de un templo propio para la comunidad.
El proyecto fue posible gracias a la donación del terreno realizada por Raúl Rodríguez e Inés Morales, quienes junto a otros pobladores promovieron la iniciativa y movilizaron a toda la comunidad para concretarla.
Sin financiamientos extraordinarios ni grandes recursos económicos, los avances llegaron a través del compromiso colectivo.
Ferias comunitarias, rifas, campañas solidarias y jornadas de trabajo voluntario permitieron reunir materiales y sostener el desarrollo de la obra.
Cada ladrillo colocado representó horas de esfuerzo compartido, colaboración vecinal y una profunda convicción de que Cayanta necesitaba un espacio propio para la fe y el encuentro comunitario.
Entre herramientas prestadas, mates compartidos y largas jornadas de trabajo, la capilla comenzó a tomar forma como una construcción levantada íntegramente por el compromiso de sus habitantes.
La inauguración de un símbolo comunitario
La obra fue inaugurada oficialmente el 7 de agosto de 2016, fecha especialmente significativa por coincidir con la celebración de San Cayetano, reconocido popularmente como el santo del pan y del trabajo.
Aquella jornada quedó grabada en la memoria colectiva del paraje.
Durante la ceremonia también fueron reconocidas como madrinas de la capilla tres destacadas vecinas de la comunidad: Marcelina Olave, Ana Monje y Mercedes Barrera, mujeres profundamente vinculadas a la vida social y religiosa del lugar.
Desde entonces, el templo se consolidó como uno de los principales símbolos de identidad para Cayanta.
La adversidad no logró apagar la fe
La historia reciente de la capilla también estuvo marcada por momentos difíciles.
En febrero de 2023, un incendio provocó daños en instalaciones eléctricas y sectores del edificio, generando preocupación entre los vecinos.
Sin embargo, la respuesta comunitaria volvió a reflejar el espíritu solidario que dio origen al proyecto.
La misma comunidad que construyó la capilla fue la que se movilizó para recuperarla, demostrando que el verdadero valor del templo no está solamente en sus paredes, sino en las personas que lo sostienen.
Gracias al esfuerzo conjunto, el espacio pudo ser restaurado y continúa recibiendo a fieles y visitantes.
El legado salesiano que dio forma al Alto Neuquén
La importancia de la capilla San Cayetano adquiere una dimensión aún más profunda cuando se analiza la influencia histórica de los misioneros salesianos en el norte neuquino.
Desde fines del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX, estos religiosos recorrieron extensas regiones cordilleranas llevando educación, asistencia social y acompañamiento espiritual a las familias crianceras dispersas en un territorio complejo y de grandes distancias.
Figuras históricas como Domingo Milanesio, conocido popularmente como "Patiru Domingo", junto a Marcelo Gardin, Florindo Zandonella, Mateo Gavošo, Bartolomé Panaro y Pedro Martinengo, dejaron una huella imborrable en las comunidades del norte provincial.
Su trabajo contribuyó a la creación de capillas, escuelas y espacios comunitarios que aún hoy forman parte de la identidad cultural del Alto Neuquén.
La capilla San Cayetano es heredera directa de esa tradición salesiana que unió evangelización, educación y compromiso social en los rincones más alejados de la Patagonia.
Un destino dentro del Camino de la Fe
Para quienes recorren el Camino de la Fe Neuquino, la visita a Cayanta representa una experiencia que trasciende el turismo religioso tradicional.
El paraje ofrece la posibilidad de conocer de cerca una comunidad que convirtió la cooperación y la solidaridad en una forma de construir identidad.
La serenidad de los paisajes, los caminos rurales y el profundo arraigo cultural generan un escenario propicio para la contemplación y el encuentro con las raíces más profundas de la neuquinidad.
Mucho más que una capilla
Hoy, quienes llegan hasta Cayanta descubren mucho más que un edificio religioso.
Encuentran la historia de vecinos que transformaron un sueño compartido en realidad, de familias que sostienen tradiciones centenarias y de una comunidad que continúa transmitiendo valores de esfuerzo, trabajo y solidaridad.
En tiempos donde la individualidad suele ganar terreno, la capilla San Cayetano recuerda que las obras más duraderas son aquellas construidas colectivamente. Entre los cerros del Alto Neuquén, esa enseñanza sigue viva y se proyecta hacia las futuras generaciones.





