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“No le afloja la cola a la vaca”, La voz de la tierra: Atilio Alarcón

Popular

Entre arreo y guitarra: el relato campesino que sobrevive en la música popular

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Atilio Alarcón y la identidad criancera

En el entramado cultural del norte de Neuquén, la figura de Atilio Alarcón emerge como una expresión genuina de la ruralidad y la identidad criancera. Su obra, construida desde la experiencia directa y la tradición oral, se inscribe como un testimonio artístico que recupera, preserva y proyecta la cultura campesina en un contexto donde estas narrativas suelen quedar relegadas.

A través de cuecas y balseados, Alarcón no solo compone canciones: documenta la vida cotidiana del campo, las dinámicas familiares, el trabajo del arriero y el rol de la mujer campesina, configurando un repertorio que forma parte del acervo cultural neuquino.

Origen, territorio y herencia cultural

Criado en Curaco, un histórico paso de arreo cuyo nombre remite a “agua de la piedra”, el cantor reconstruye en su relato los paisajes y escenas que marcaron su infancia. “Aún están las bardas con jarillales y una casa grande donde funcionó un local de ramos generales que atendían mis padres”, evocó.

Su historia familiar está atravesada por la música. Hijo de Teresa del Carmen Castillo y Carlos Alarcón, creció en un hogar donde el canto y la guitarra eran parte de la vida cotidiana. “Éramos nueve hijos y a mí me parió una cantora, una cantora muy buena”, recordó. La influencia de sus hermanos y el acceso a su primera guitarra marcaron un punto de inflexión: “Ahí me enamoré de esa guitarra y de la música”.

Una poética de la ruralidad

El universo creativo de Alarcón se nutre de vivencias concretas. “Cada una de mis canciones es un paisaje, una vivencia, lo más decidora y rústica para que la entienda mi gente”, afirmó. En esa línea, su obra se caracteriza por una narrativa directa, sin artificios, donde la experiencia se convierte en relato colectivo.

“Digo las cosas como las siento y es mi forma siempre desde el respeto”, subrayó, estableciendo un posicionamiento estético y ético que refuerza su vínculo con la comunidad.

Las temáticas que atraviesan sus composiciones incluyen las invernadas y veranadas, las dificultades del trabajo rural y episodios cotidianos que rara vez encuentran representación en los circuitos culturales masivos. “Muy poco se conoce el trabajo del arriero, de la mujer campesina y eso lo cuento en mis canciones”, sostuvo.

Un ejemplo paradigmático es su tema “No le afloja la cola a la vaca”, inspirado en una experiencia real: “Surgió por una vaca que estaba empantanada y la queríamos rescatar con un amigo… hasta que la sacamos y quedamos llenos de barro”.

Tradición, influencia y proyección

En su formación artística confluyen influencias diversas, desde la literatura hasta el folklore latinoamericano. Entre sus referentes menciona a Antonio Machado y Atahualpa Yupanqui, de quienes rescata una concepción trascendente de la obra: “Lo importante es que se conozca la obra… eso indica que uno no va a morir tan fácil”.

Su propio repertorio reafirma esa lógica de permanencia cultural. En uno de sus versos, sintetiza su identidad:
“Yo soy del norte neuquino, soy criancero y cantor… lo aprendí de las cantoras por quien me saco el sombrero”.

Memoria, territorio y relatos invisibilizados

La trayectoria de Alarcón también se entrelaza con la memoria histórica del territorio. En sus recuerdos aparece la mina de San Eduardo, un asentamiento vinculado a la explotación de asfaltita que quedó abandonado tras una tragedia en 1951, cuando una explosión provocó la muerte de seis trabajadores.

Este tipo de referencias refuerzan el valor de su obra como archivo cultural, donde la música funciona como vehículo de memoria colectiva y registro de experiencias que exceden lo individual.

Cultura popular como patrimonio vivo

Desde sus primeras presentaciones en Buta Ranquil hasta su consolidación en escenarios regionales como la Fiesta de la Tradición en Chos Malal, Alarcón ha sostenido un vínculo permanente con la música como herramienta de expresión social.

“No dejé de estar ligado a la música porque es un talento para compartir con la gente y decir cosas que tal vez no las dicen otros”, afirmó.

En un escenario cultural atravesado por tensiones entre lo global y lo local, su figura se posiciona como una voz que interpela, preserva y legitima la cultura campesina, reafirmando su lugar dentro del patrimonio intangible de Neuquén

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