Cuando el territorio se sirve en el plato: la trucha del Alto Neuquén une producción, cocina y turismo
Desde un manantial en Bella Vista hasta las cocinas de las hosterías del norte neuquino, la trucha vuelve a contar una historia conocida en la región: producir cerca, cocinar con identidad y construir desarrollo sin romper el paisaje.
Alto Neuquén
En el norte neuquino, la historia no comienza en la mesa ni en la cocina. Empieza en el agua. En el paraje Bella Vista, un manantial brota entre formaciones basálticas con una temperatura constante durante todo el año. De allí nace la trucha de Piedras Meonas, un criadero que no irrumpe en el territorio, sino que dialoga con él, retomando una idea persistente en la región: producir desde el lugar, respetando sus tiempos y su escala.
Alrededor de esa agua se articula una trama simple y poderosa. Producción local, gastronomía local y turismo de cercanía. La trucha se cría en Bella Vista, se cocina en Manzano Amargo y se ofrece al visitante como una experiencia auténtica, sin artificios ni discursos impostados. No es una moda gastronómica: es continuidad territorial.
El paisaje acompaña esa lógica. La cordillera baja, los pueblos pequeños, la Ruta Provincial 43 como un trazo que conecta sin apurar. En el Alto Neuquén el tiempo no corre: insiste. Y en ese ritmo, el agua deja de ser solo entorno natural para convertirse en trabajo compartido, mesa común y proyección de futuro.
🌱 Producción a escala humana
Lejos de ser un territorio inmóvil, el Alto Neuquén ha sabido reinventarse sin traicionar su identidad. Ganadería, monte, madera y oficios transmitidos por observación marcaron históricamente una producción sin épica y sin atajos.
En los años ’60, cuando la minería declinó y la ganadería dejó de sostenerlo todo, surgieron alternativas pensadas desde el arraigo. La experiencia impulsada por Temístocles Figueroa y su hijo Rogelio, que dio origen al primer bosque comunal del país y a una piscifactoría, dejó una huella profunda. La trucha ya estaba allí, mucho antes de convertirse en protagonista de este presente.
Hoy, turismo, gastronomía y producciones con identidad retoman ese legado. Piedras Meonas no es una excepción: es continuidad histórica.
🐟 Piedras Meonas: producir futuro sin apuro
En Piedras Meonas, el agua no corre: brota. Su temperatura estable garantiza condiciones ideales para la cría de truchas durante todo el año. “Eso se nota en el producto”, explica Luis Brea, responsable del criadero. Y también se percibe en su manera de hablar: pausada, sin promesas grandilocuentes.
El proyecto comenzó con la siembra de 60.000 huevos de trucha y hoy alcanza ejemplares de 270 gramos, listos para el consumo. “Acá no solo se crían truchas, se cultiva futuro”, dice. La frase no funciona como consigna: funciona como tiempo.
Además de producir, el espacio se abre al turismo educativo y de cercanía. Llegan escuelas, vecinos y visitantes que recorren el lugar, bajan hasta la cascada y entienden que producción y turismo pueden convivir sin estorbarse.
El horizonte está abierto: genética, trucha ahumada, nuevas especies. Pero sin ansiedad. “Después el mercado irá marcando el rumbo”, resume Brea. Por ahora, el eje es claro: hacer bien las cosas.

🍽️ De la producción a la mesa
En el norte neuquino, la gastronomía no es decoración. Es relato territorial. Por eso, cuando la trucha de Piedras Meonas empezó a salir del agua, su destino fue inmediato: las hosterías, las cocinas, la mesa.
Para Marcela Domian, directora de la Hostería de Manzano Amargo, incorporar trucha local no fue ampliar el menú, sino tomar una posición. “Trabajar con un productor local es asumir un compromiso con el territorio”, afirma.
Desde la cocina, el chef Nicolás Ruiz Díaz lo explica con claridad técnica: “Con una trucha fresca, de origen conocido, vuelve la cocina real. Cocina el producto, no el chef”. El pescado llega entero, firme, con olor limpio. La trucha mariposa de 270 gramos permite cocciones precisas, rápidas y honestas.
La trucha no desplaza identidades profundas del norte neuquino. Convive. El chivo, la trashumancia y la montaña siguen siendo centrales. La trucha suma una capa más.
🌊 Agua que vuelve, futuro que insiste
Nada comienza de golpe en el Alto Neuquén. Las cosas regresan, se prueban otra vez, avanzan despacio. La trucha que hoy se sirve en Manzano Amargo no es novedad: es memoria activa.
Entre el manantial de Bella Vista, las cocinas del norte y las rutas patagónicas se construye una idea sencilla y potente: producir cerca, cocinar con sentido y recibir al visitante con algo verdadero.
Tal vez este sea el tiempo de volver a mirar lo que siempre estuvo: el agua, el paisaje, la gente que se queda. En el Alto Neuquén, innovar a veces no es inventar nada nuevo, sino escuchar al territorio.



