Entre lana y memoria: el oficio ancestral que sostiene la identidad en Atreuco
En la comunidad de Atreuco, el paso del tiempo no ha logrado erosionar una práctica que se transmite de generación en generación. Allí, Graciela Colligual sostiene con sus manos un oficio que es mucho más que trabajo: es identidad, historia y continuidad cultural.
“Mi nombre es Graciela Colligual, vengo de la comunidad de Atreuco. Es un lugar lindo”, relata con naturalidad, en una definición que condensa el vínculo profundo entre territorio y pertenencia. Su historia está atravesada por el retorno: hace catorce años decidió volver a su comunidad, aunque su relación con el hilado comenzó en la infancia. “De niña empecé a hilar y de ahí seguí con mi trabajo, que es el tejido”, explica.
El proceso: de la lana al abrigo
El trabajo artesanal que desarrolla Colligual sigue un recorrido preciso, donde cada etapa es clave para el resultado final. “Primero uno aprende a hilar, de lo grueso a lo fino”, detalla, haciendo referencia a la transformación inicial de la lana en hilo, una tarea que exige técnica, paciencia y conocimiento transmitido.
Luego, el proceso continúa con el torcido del hilo y su preparación para el telar. “Después se hace el torcido, y ahí lo lavás para poder hacer el telar”, describe, sintetizando un circuito productivo que convierte la materia prima en piezas textiles cargadas de significado.
Tradición viva y economía local
Lejos de tratarse de una práctica residual, el trabajo de Graciela Colligual se inscribe en un entramado mayor de producción cultural y económica. A través de Artesanías Neuquinas, sus creaciones trascienden el ámbito comunitario y llegan a distintos espacios de comercialización, llevando consigo la historia y la identidad de su territorio.
Cada tejido no solo cumple una función utilitaria: representa una forma de resistencia cultural frente a los procesos de homogeneización, manteniendo vigentes saberes ancestrales en un contexto de transformación social.
Un saber que perdura
En cada hebra trabajada por Colligual se expresa una continuidad que desafía el paso del tiempo. El hilado, el tejido y el telar no son solo técnicas: son lenguajes que narran la relación entre las personas y su entorno.
Así, desde Atreuco, una práctica cotidiana se convierte en testimonio de permanencia. Un oficio que abriga, pero también cuenta historias.





